Intención

Esta bitácora está dedicada a los alumnos con necesidades educativas especiales, sobre todo a los alumnos con discapacidad motora (parálisis cerebral, espina bífida, distrofia muscular,....); en términos de hoy, a los alumnos con diversidad funcional. También proporciona recursos para la intervención en alumnos discapacitados motóricos (principalmente con parálisis cerebral) y opiniones o noticias sobre temas educativos. Es decir: nos preocupa y nos ocupa la educación inclusiva.

Decía Carl Rogers, padre de la psicología existencial humanista, refiriéndose a la empatía, que ésta es como ponerse los zapatos del otro y hacer un buen trecho del camino. Esta bitácora pretende, también, ponerse esos zapatos.

Por otra parte, tenemos el convencimiento de que:

- La accesibilidad e inclusividad del contexto aumenta o disminuye la diferencia entre capacidad y rendimiento y hace que la persona sea más o menos discapacitada. Diseñemos contextos inclusivos.

- Una persona es más o menos competente dependiendo de cómo esté configurado su escenario vital y sus diferentes contextos. La discapacidad está en los contextos, no en las personas.

- Lo peor de una discapacidad no son los inconvenientes físicos que produce, sino la posible ausencia de bienestar psicológico y estar próximo a la exclusión social o ya inmerso en ella.

- Ningún sistema educativo se puede considerar de calidad si no tiene una respuesta para atender a la diversidad.

- El mundo está diseñado por personas sin discapacidad para personas sin discapacidad, por eso podemos afirmar que la discapacidad se construye socialmente. No contribuyamos a esto y hagamos una sociedad inclusiva.

- La institucionalización de la discapacidad es solo la materialización indeseable del principal objetivo de una sociedad excluyente.

- Para los padres: Los logros de los hijos se construyen sobre las expectativas de los padres.

_________________________________________________Javier Martín Betanzos

lunes, 24 de junio de 2019

Un golfo con parálisis cerebral

Portada del libro objeto de este artículo
Tengo parálisis cerebral. Pero no estoy enfermo. Esa es la declaración de Budy el golfo. Por supuesto que esto hay que aclararlo. Así, de primeras impacta. Está claro que Budy, José Manuel Mancisidor Olaizola es su verdadero nombre, es una persona singular. No puedo hablar, no puedo andar, me cuesta manejar las manos, no puedo vestirme ni ducharme solo, no puedo comer por mí mismo. Aun así no se considera enfermo. Toda esta filosofía se la debe a todos los obstáculos a los que se ha tenido que enfrentar y al haberle tocado una madre guerrera, una de esas madres anónimas que contra viento y marea saca a sus hijos adelante. Lo de golfo no es un atrevimiento por mi parte, él mismo se autodefine así.
Budy, me voy a permitir llamarlo así porque es de esas personas que enseguida te dan confianza, se considera un chaval, pero ya tiene sus añitos. Como el mismo dice le ha fallado el cuerpo, pero no la cabeza. Nació en otra época y no pudo estudiar, a leer le enseñó su madre, las madres siempre creen en sus hijos; menos mal, porque a veces es la única tabla de salvación a la que agarrarse. El mismo dice que tuvo mucha suerte con su madre y pide perdón a sus hermanos porque él se llevara la mayor parte de la atención de su progenitora.
Budy escribió este libro del que hablamos a los cuarenta y siete años, ahora tiene algunos más y vive en una residencia. Es una biografía sincera, en ella cuenta todo, sin un pudor cursi, sin hipócritas censuras. Quizás ese carácter lo heredó de su madre que, cómo no, fue la primera en darse cuenta que a su hijo le pasaba algo y la primera en intentar llevar a cabo un plan de desarrollo para él antes que médicos o educadores.
Este libro, por los que quieran acercarse a la parálisis cerebral contada en primera persona, no lo pueden obviarlo de ninguna manera, Budy no olvida ningún detalle de su vida, aunque pueda ser considerado incorrecto o tabú por una sociedad bastante hipócrita y paternalista.
Budy con su madre, foto de perfil de su Facebook
Budy cuenta, como aprendió a andar, como le negaron la comunión de una manera arbitraria, su experiencia con su primera silla de ruedas, sus travesuras adolescentes, sus viajes inimaginables al extranjero en aquella época o su primera experiencia sexual. También se rebela contra la institucionalización de la discapacidad, su difícil proceso para aceptarse a sí mismo, la experiencia de su vida independiente, su experiencia laboral…
La vida de Budy es una vida completa, incluso mucho más completa que la de muchas personas sin los severos problemas físicos que le acompañaron durante toda su vida. Por supuesto que él echa de menos algunas potencialidades que tienen las llamadas personas normales, sobre todo hablar. Sí. está incapacitado para hablar, pero no para comunicarse, que lo hace muy bien. Tampoco lo está para para sentir, pensar, argumentar… Cuenta lo que supuso para él su primer tablero de comunicación, algo inimaginable porque era otra época. Hoy Budy tiene cincuenta y cinco años y vive en una residencia. Es un poco más dependiente, pero eso nunca le va a coartar sus ansias de libertad.
Pues sí. Budy es un personaje singular. ¡Hasta tiene dos fechas de cumpleaños! Pero eso y más lo cuenta él en su libro Tengo parálisis cerebral. Pero no estoy enfermo y en su blog, con casi tres millones de visitas, Budy el golfo.
Enlaces:

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