Intención

Esta bitácora está dedicada a los alumnos con necesidades educativas especiales, sobre todo a los alumnos con discapacidad motora (parálisis cerebral, espina bífida, distrofia muscular,....); en términos de hoy, a los alumnos con diversidad funcional. También proporciona recursos para la intervención en alumnos discapacitados motóricos (principalmente con parálisis cerebral) y opiniones o noticias sobre temas educativos. Es decir: nos preocupa y nos ocupa la educación inclusiva.

Decía Carl Rogers, padre de la psicología existencial humanista, refiriéndose a la empatía, que ésta es como ponerse los zapatos del otro y hacer un buen trecho del camino. Esta bitácora pretende, también, ponerse esos zapatos.

Por otra parte, tenemos el convencimiento de que:

- La accesibilidad e inclusividad del contexto aumenta o disminuye la diferencia entre capacidad y rendimiento y hace que la persona sea más o menos discapacitada. Diseñemos contextos inclusivos.

- Una persona es más o menos competente dependiendo de cómo esté configurado su escenario vital y sus diferentes contextos. La discapacidad está en los contextos, no en las personas.

- Lo peor de una discapacidad no son los inconvenientes físicos que produce, sino la posible ausencia de bienestar psicológico y estar próximo a la exclusión social o ya inmerso en ella.

- Ningún sistema educativo se puede considerar de calidad si no tiene una respuesta para atender a la diversidad.

- El mundo está diseñado por personas sin discapacidad para personas sin discapacidad, por eso podemos afirmar que la discapacidad se construye socialmente. No contribuyamos a esto y hagamos una sociedad inclusiva.

________________________________________________________Javier Martín Betanzos

jueves, 17 de abril de 2008

DIVERSIDAD FUNCIONAL



Hace algún tiempo, cuando el autor de este artículo –pido perdón por su extensión- estudiaba bachillerato, el profesor de Filosofía nos mandó hacer un trabajo de libre elección. Hubo un alumno que se decidió por un tema tan trascendental como el de la muerte. Pero en este trabajo tan metafísico mi compañero no hizo un ensayo, como cabría esperar, sino que se limitó a buscar definiciones, o a inventarlas, sobre este trance inevitable. Recuerdo una de esas definiciones, por ser muy forzada y porque mi compañero patinó en su afán de lograr un record –eran cien las definiciones- que hiciera sobresalir su vocabulario y su ingenio entre los demás alumnos de la clase: “la muerte es la perseverancia de lo occiso”, dijo, y se quedó tan pancho. Occiso, según el diccionario, se refiere a alguien que ha muerto violentamente. Cuando nos llega esa hora no todos morimos violentamente, pensé yo, un poco de seriedad en el trabajo. El profesor premió a mi compañero con un sobresaliente, algo que nunca entendí.

¿Por qué cuento todo esto? La Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías de la Organización Mundial de la Salud hablaba de deficiencia (en el plano físico de la persona), discapacidad (en el plano personal) y minusvalía (desventajas que las personas sufren en el plano social a consecuencia de su deficiencia o discapacidad). Más tarde en un intento fallido de eliminar la carga negativa de los términos anteriores, la misma organización los sustituyó en la Clasificación Internacional del Funcionamiento, Discapacidad y la Salud (CIF) por déficit en el funcionamiento, limitación en la actividad y restricción en la participación, denominaciones que sustituyen en el mismo orden a las anteriores. Aún se utilizan aquellas primeras palabras, aunque algunos nos resistimos a utilizar, siempre, minusválido, por ser especialmente cruel. La segunda clasificación retuerce tanto los significados que, creo, no ha tenido mucho éxito.

El Foro de Vida Independiente ha propuesto más recientemente que se utilice la expresión persona con diversidad funcional (PDF en su acrónimo, como la extensión de los archivos de cierto programa informático). Tiene la ventaja de haber sido elegido por los propios afectados y carece de sesgo negativo. Pero persona con diversidad funcional somos todos. Cuando realizamos cualquier actividad, todos lo hacemos de manera diferente, con variaciones en la eficacia y en la eficiencia; en la calidad y rapidez de la ejecución, en definitiva; aunque todas hayan sido hechas con gran esfuerzo. En este sentido la terminología que se propone no añade ninguna información y, a veces, esa información se necesita por parte de los profesionales que trabajan con estas personas en diferentes parcelas de sus vidas. No estoy proponiendo el uso de etiquetas. De ninguna manera, todo lo contrario. Creo que habría que estudiar la posibilidad, siguiendo la línea del Foro de la Vida Independiente y de la no discriminación y, también olvidando lo normal en términos estadísticos, una terminología que satisfaga a todos.

Pero mientras debatimos esta cuestión, lo que tenemos que procurar es que estas deficiencias, discapacidades, diversidad funcional o como queramos llamar, no desemboquen en exclusión social, que en definitiva, es lo más importante aunque, mientras tanto, hagamos un pequeño esfuerzo en conseguir adecuar lo más posible los nombres a las realidades.

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