Intención

Esta bitácora está dedicada a los alumnos con necesidades educativas especiales, sobre todo a los alumnos con discapacidad motora (parálisis cerebral, espina bífida, distrofia muscular,....); en términos de hoy, a los alumnos con diversidad funcional. También proporciona recursos para la intervención en alumnos discapacitados motóricos (principalmente con parálisis cerebral) y opiniones o noticias sobre temas educativos. Es decir: nos preocupa y nos ocupa la educación inclusiva.

Decía Carl Rogers, padre de la psicología existencial humanista, refiriéndose a la empatía, que ésta es como ponerse los zapatos del otro y hacer un buen trecho del camino. Esta bitácora pretende, también, ponerse esos zapatos.

Por otra parte, tenemos el convencimiento de que:

- La accesibilidad e inclusividad del contexto aumenta o disminuye la diferencia entre capacidad y rendimiento y hace que la persona sea más o menos discapacitada. Diseñemos contextos inclusivos.

- Una persona es más o menos competente dependiendo de cómo esté configurado su escenario vital y sus diferentes contextos. La discapacidad está en los contextos, no en las personas.

- Lo peor de una discapacidad no son los inconvenientes físicos que produce, sino la posible ausencia de bienestar psicológico y estar próximo a la exclusión social o ya inmerso en ella.

- Ningún sistema educativo se puede considerar de calidad si no tiene una respuesta para atender a la diversidad.

- El mundo está diseñado por personas sin discapacidad para personas sin discapacidad, por eso podemos afirmar que la discapacidad se construye socialmente. No contribuyamos a esto y hagamos una sociedad inclusiva.

- La institucionalización de la discapacidad es solo la materialización indeseable del principal objetivo de una sociedad excluyente.

________________________________________________________Javier Martín Betanzos

jueves, 1 de septiembre de 2011

De la palmadita en el hombro a ver la nuca del discapacitado

He esperado que Oscar Pistorius acabara su aventura antes de escribir nada. ¿Si esta aventura, hazaña o ejemplo de resiliencia hubiera acabado de otra forma el sentido de mi escrito sería distinto? No lo sé.
Empecemos por el principio. Oscar Pistorius nació en 1986 en Sudáfrica  con agenesia parcial de sus miembros inferiores. Los médicos que le atendían cortaron por lo sano, le amputaron ambas piernas por debajo de la rodilla y le colocaron unas prótesis, pensaron que cuanto antes se acostumbrara a llevarlas, mejor sería para él. Y así fue, no sólo aprendió rápido a usarlas, sino que les sacó un gran partido. Estas prótesis de carbono llamadas cheetahs (en español guepardo, ahora comprendemos por qué se llaman así), le han permitido a Pistorius batir récords en los juegos paraolímpicos de 100, 200 y 400 metros.
Pistorius en la pista de atletismo
Pistorius en la pista de atletismo (de Wikipedia)
Oscar fue batiendo récords; iba todo muy bien, incluso le invitaron para correr con atletas sin ningún problema físico –de los otros ya verán que no- y no desaprovechó su oportunidad para ir creciendo y acercarse a los registros mínimos para participar. Entonces a la IAAF (acrónimo de Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo) no le pareció normal que Pistorius participara con atletas de élite y llegara a la meta junto con los mejores, y eso se debía, según la asociación, a que tenía ventaja con sus prótesis. El siempre dijo que no era ninguna ventaja, pues cómo es que no hay más atletas amputados o con agenesia de sus miembros que logren marcas como las suyas.
Pistorius demandó a la IAAF. El TAD (acrónimo de Tribunal de Arbitraje Deportivo) encargó un estudio científico a expertos en tecnologías del movimiento y el resultado fue que el TAD consideró que Oscar Pistorius podía competir en pruebas de atletismo con los demás atletas que tenían sus dos piernas de carne y hueso.
El atleta sin piernas –el dice que no es un inválido, únicamente le faltan las piernas- sigue su progresión y en estas fechas, en Daegu (Corea del Sur) donde se celebra el Campeonato Mundial de Atletismo, ha corrido las semifinales de los 400 metros. Ha llegado hasta ahí sin que nadie le haya regalado nada. Es un gran logro, pero no consiguió clasificarse para la final. Aún así, nadie podrá negar que es una auténtica proeza, que se debe más a su determinación que a sus prótesis.
La moraleja es que cuando el discapacitado va quemando etapas y consiguiendo los pequeños logros del día a día, todo son palmaditas en el hombro, pero qué desagradable es, para algunos, ver su nuca en la carrera.
Nos alegra compartir ejemplos de resiliencia como éste y, al mismo tiempo, contribuir a combatir actitudes fundamentadas en  el pobrecito discapacitado, en la caridad o en la misericordia. En su lugar, intentemos facilitar la integración de estas personas en todas las facetas de su vida, es lo justo.
(De varias fuentes)

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