Intención

Esta bitácora está dedicada a los alumnos con necesidades educativas especiales, sobre todo a los alumnos con discapacidad motora (parálisis cerebral, espina bífida, distrofia muscular,....); en términos de hoy, a los alumnos con diversidad funcional. También proporciona recursos para la intervención en alumnos discapacitados motóricos (principalmente con parálisis cerebral) y opiniones o noticias sobre temas educativos. Es decir: nos preocupa y nos ocupa la educación inclusiva.

Decía Carl Rogers, padre de la psicología existencial humanista, refiriéndose a la empatía, que ésta es como ponerse los zapatos del otro y hacer un buen trecho del camino. Esta bitácora pretende, también, ponerse esos zapatos.

Por otra parte, tenemos el convencimiento de que:

- La accesibilidad e inclusividad del contexto aumenta o disminuye la diferencia entre capacidad y rendimiento y hace que la persona sea más o menos discapacitada. Diseñemos contextos inclusivos.

- Una persona es más o menos competente dependiendo de cómo esté configurado su escenario vital y sus diferentes contextos. La discapacidad está en los contextos, no en las personas.

- Lo peor de una discapacidad no son los inconvenientes físicos que produce, sino la posible ausencia de bienestar psicológico y estar próximo a la exclusión social o ya inmerso en ella.

- Ningún sistema educativo se puede considerar de calidad si no tiene una respuesta para atender a la diversidad.

- El mundo está diseñado por personas sin discapacidad para personas sin discapacidad, por eso podemos afirmar que la discapacidad se construye socialmente. No contribuyamos a esto y hagamos una sociedad inclusiva.

________________________________________________________Javier Martín Betanzos

lunes, 19 de julio de 2010

Deficiencia, discapacidad, neurología y arte

En el Volumen 51  Núm. 2 de la Revista de Neurología leemos un artículo titulado Deficiencia, discapacidad, neurología y arte que firman Roberto Cano de la Cuerda y Susana Collado-Vázquez. En él se concluye que durante siglos, los deformes, los físicamente incapacitados y los deficientes mentales fueron personas cruelmente discriminadas. No sólo padecieron su deformidad, sino que, además, se les consideró indignos, se les maltrató y recluyó. En el caso de permitirles convivir en sociedad, fueron injustamente tratados y obligados a ser bufones y seres ridículos, en definitiva seres privados de sus más elementales necesidades.
El tratamiento de un fenómeno tan complejo como la discapacidad ha evolucionado a lo largo del tiempo, también en el arte. Cuentan los autores que Sorolla tituló, inicialmente, un cuadro Los hijos del placer, pero más tarde, influido por Blasco Ibáñez, lo denominó Triste herencia. Según  los firmantes del artículo ninguno de los dos títulos tienen una justificación médica. Casi con toda seguridad las afecciones que presentan los protagonistas de la composición son de tipo neurológico, como la parálisis cerebral, la distrofia muscular de Duchenne o la poliomielitis. Sin embargo, la discapacidad de los hijos era atribuida –sobre todo por la Iglesia- a la vida disipada o pecaminosa de los progenitores y, por eso, la desaprobación de Dios se manifestaba como castigo divino en forma  de seres tullidos.
En la actualidad, afortunadamente, no se cree que eso suceda como un castigo divino,  pero queda mucho camino por recorrer para que las personas discapacitadas tengan todos los derechos y disfruten de un entorno acogedor y verdaderamente inclusivo en todos los sentidos.
Enlaces:

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